En 2025, la campaña citrícola argentina incorporará variedades tradicionales como Salustiana, Navel y Valencia —incluida la Midknight— y sumará ensayos con naranjas sanguinas para diversificar su oferta exportable. El contexto internacional presenta una oportunidad para el sector: la baja producción de naranjas en Estados Unidos y Brasil ha generado una fuerte demanda de fruta fresca en los mercados globales, especialmente de variedades tempranas.
Limitaciones estructurales y desafíos logísticos en el mercado argentino
El escenario argentino sigue siendo complejo. Altos costos, baja competitividad estructural y un sistema logístico que no contempla a los exportadores medianos afectan la rentabilidad y dificultan el acceso fluido a los puertos. Esto impacta directamente en la cadena productiva, reduciendo la capacidad de inversión en origen.
Además de los costos y restricciones logísticas, uno de los principales filtros para la exportación está en el control fitosanitario. Enfermedades cuarentenarias como la cancrosis y la mancha negra, presentes en el país, son un factor clave para el rechazo de cargamentos en mercados exigentes como el europeo. Para evitar esto, el Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (Senasa) aplica protocolos estrictos que exigen un alto nivel de limpieza, curado y clasificación de fruta.
Protocolos sanitarios y tecnología aplicada al control de calidad
Para cumplir con estos requerimientos, productores como Citrus FAMA implementan planes sanitarios desde la producción, con seguimiento técnico y protocolos precisos que indican qué curas aplicar, en qué momento y con qué productos autorizados. Esta trazabilidad sanitaria se refuerza con inspecciones regulares y asistencia técnica especializada, lo que permite reducir el descarte y mantener la calidad exportable.
En los empaques, el punto crítico es la etapa de prepacking. Se utilizan tecnologías de clasificación avanzada que evalúan cada fruta según su color, tamaño y estado sanitario. Estas máquinas permiten detectar defectos visibles, garantizando que sólo la fruta apta continúe hacia el destino internacional, cumpliendo con los estándares que exige, por ejemplo, la Unión Europea.
Obstáculos arancelarios y mercados restringidos
A pesar de contar con fruta de calidad y tecnología de punta, las exportaciones argentinas enfrentan barreras arancelarias elevadas en Europa y restricciones de ingreso en varios otros mercados. Muchos países continúan cerrados a las importaciones del cítrico dulce argentino, lo que limita la expansión comercial del sector.
La baja oferta internacional como oportunidad de posicionamiento
La escasez global de naranjas ha incrementado la demanda en mercados que tradicionalmente presentan alta competencia. Esta situación coincide con el inicio de la campaña argentina, generando un aumento en el interés por las variedades tempranas del país. Sin embargo, las oportunidades no siempre se concretan debido a los desafíos logísticos, sanitarios y comerciales antes mencionados.
Perspectiva estratégica para el posicionamiento argentino
Ante este panorama, los productores argentinos buscan posicionarse en nichos de mercado donde puedan destacarse por calidad y constancia. La estrategia no se basa únicamente en el volumen exportado, sino en una planificación inteligente que permita sostener y ampliar la presencia internacional, incluso en contextos adversos.


